sábado, 23 de abril de 2016

Ruptura de Pareja y Afrontamiento

Las relaciones de pareja corresponden a una de las relaciones más intensas que se pueden establecer entre seres humanos, corresponde al vínculo de mayor significación fuera de la familia de origen (Maureira, 2011). Sin embargo, su formación no resulta fácil pues los dos miembros que la componen deben construir una identidad particular para lograr la integración y acomodación de ambas individualidades. Pineda (2005) señala que cuando se consolida una relación y se crea un proyecto de vida en común, ambos miembros de la pareja deben encarar cambios importantes en su estilo de vida y en el sistema de seguridad emocional de cada cual a fin de lograr un acoplamiento mutuo. De ese modo, en la pareja se abre un espacio de vinculación en el cual los demás quedan excluidos; así, perder a una pareja es perder una fuente de seguridad. De modo similar, la amenaza de pérdida despierta ansiedad y la pérdida efectiva ocasiona pena, tristeza, mientras que cada una de éstas situaciones es posible que despierte rabia (Bowlby, 1995).
Las consecuencias de la ruptura de pareja, se ha estudiado generalmente en relación a divorcio, sin embargo, el fenómeno es común en personas jóvenes que aún no han tomado la decisión de casarse, aun cuando mantienen relaciones serias y estables con sus parejas. Las relaciones de pareja estables en esta etapa no sólo son una motivación personal, sino que también una ayuda a la inserción social (Muñoz & Cruz, 2012). Sin embargo, la ruptura es frecuente durante el noviazgo que caracteriza este período de la vida (Pinto, 2013).
A pesar de la emocionalidad involucrada en la relación de pareja, las dificultades para lograr el acoplamiento lleva a que por una serie de razones, como los celos, la incomprensión (Pinto, 2008), conflictos derivados de las diferencias de género, la falta de compromiso de una de las partes, la falta de metas conjuntas, entre otras causales (Barrios & Pinto, 2008), la pareja finalmente deshaga su relación. El rompimiento de este vínculo íntimo, sobre todo cuando se percibe como una relación estable, va a ser vivenciado por los individuos con altos niveles de estrés (González, 2001); incluso Holmes y Rahe (1967) lo ubican como uno de los hechos más estresantes de la vida de una persona tras la muerte de un hijo o un cónyuge. Peñafiel (2011) afirma que la ruptura de pareja se caracteriza por ser una de las experiencias más dolorosas que puede sufrir una persona a lo largo de su vida y Rojas (1994) incluso la describe como una de las más traumáticas, amargas y penosas que pueden sufrir los seres humanos, se quejan de no poder dormir, de haber perdido el apetito, de ser incapaces de concentrarse en el trabajo, o incluso de llorar a menudo sin razón aparente, y en algunos casos, recurren al alcohol, a las drogas o a los tranquilizantes para apaciguar el dolor y ausentarse emocionalmente. Peñafiel (2011) agrega que el nivel de estrés no sólo está dado por la ruptura en sí, sino también por toda la serie de modificaciones tanto personales, familiares, económicas y sociales que sobrevienen a ella.
De ese modo, la ruptura de la relación afecta la sensación de bienestar de la persona, sobre todo cuando uno de ellos se niega a aceptar el quiebre, no se desvincula totalmente de él/ella y trata de seguir formando parte de su vida, deteniendo el proceso de elaboración de la pérdida (Doménech, 1994). Pinto (2008) afirma que raras veces ocurre que ambos componentes estén de acuerdo con el fin de la relación; por lo general, uno de ellos sigue amando mientras el otro no, por lo que hay que considerar los procesos emocionales que siguen a una ruptura como un verdadero proceso de duelo. Considerando entonces que la ruptura de pareja es un estresor relevante en la vida de un ser humano, podemos suponer que la persona percibe que dicha situación sobrepasa sus propios recursos y atenta contra su bienestar personal (Lazarus & Folkman, 1986). Frente al estrés, las personas desarrollan una serie de formas de afrontamiento, con el fin de manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de sus recursos.
Las estrategias de afrontamiento son entonces un tipo o una forma particular de hacer frente a una situación estresante de acuerdo a las circunstancias y se pueden clasificar en centradas en el problema, donde el sujeto intenta cambiar el medio o el problema a objeto de disminuir la amenaza, modificando o eliminando sus factores; centradas en la emoción, donde el sujeto se esfuerza por regular sus emociones que derivan de la situación, considerando que no es posible modificarla. Lazarus y Folkman señalan que las estrategias centradas en el problema son más efectivas en las relaciones pues confieren un sentido de autoeficacia para retos futuros; en cambio, las estrategias centradas en la emoción son menos efectivas.

Relaciones Consensuales:
Los matrimonios, las cohabitaciones, las uniones homosexuales y las amistades por lo general involucran a dos personas de la misma generación que se eligieron mutuamente.
¿Cómo se desarrollan esas relaciones en la edad media?
En la mitad de la vida, el matrimonio es muy distinto de lo que solía ser. Cuando las expectativas de vida eran más cortas, eran raras las parejas que permanecían juntas por 25, 30 o 40 años. El patrón más común era que los matrimonios terminaras por la muerte de uno de los cónyuges y que el sobreviviente volviera a casarse. La gente tenía muchos hijos y esperaba que vivieran en casa hasta que se casaran. Era inusual que marido y mujer de mediana edad se quedaran solos.

Mis Anécdotas con Respecto a Ruptura de Pareja
El proceso de ruptura de pareja se vive como un proceso de duelo ya que en sí caracteriza la pérdida de un ser querido, en este caso sería pérdida desde el punto de vista emocional y social. En mi caso he vivido una ruptura y considero que mientras más tiempo estés junto a esa persona, más dolorosa será su partida.
La forma en la que actué considero quizá no fue la correcta, pero como en las situaciones anteriores, tampoco estaba preparada para lo que debía afrontar. Si tú ves que las cosas poco a poco se van quebrantando es mucho más fácil la aceptación pero, cuando todo está bien y de un momento a otro te dejan sin razón alguna, es allí donde terminas más confundido y afectado. Siempre digo a las personas que me lo preguntan, si tú te vas a separar de alguien, explícale las razones pero no te vayas en silencio porque acrecentaría el sufrimiento de esa persona.
Mi forma de responder a esta situación fue alejándome de todo, hasta de mí misma. En esos momentos no contaba con alguien que me apoyara y a quién pudiera confiar lo que me estaba sucediendo, así que me tocó darle frente a esta situación. Mi forma de salir de ella poco a poco (ya que fue un proceso largo) fue buscando actividades de esparcimiento y que mantuvieran mi mente ocupada para evitar alimentar pensamientos negativos y dedicarme tiempo a mí misma, a escucharme, a comprenderme y sobre todo a amarme.
¿Cómo deberíamos actuar?
Siento que no tengo la respuesta adecuada a esta pregunta, sólo recomiendo en cada relación de pareja no depender tanto emocionalmente de la otra persona ya que, si en algún momento la relación llega a terminar, el más afectado será el que estaba más comprometido emocionalmente con su pareja. Deben tener tiempo para ambos y para cada uno por separado también, deben mantener metas en conjunto y propias para que, en un futuro tengas dos opciones a la hora de actuar, ya sea con tu pareja o si estás solo saber que aún tienes muchas metas personales por cumplir.
En momentos de ruptura siempre es importante buscar apoyo de familiares y amigos, mantenerte distraído, salir, realizar actividades que disfrutes y buscar la forma de superarte cada día. Si consideras que el dolor emocional es muy fuerte, te recomendaría visitar un profesional en Psicología para que te orientara al respecto.

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