Las relaciones de
pareja corresponden a una de las relaciones más intensas que se pueden
establecer entre seres humanos, corresponde al vínculo de mayor significación
fuera de la familia de origen (Maureira, 2011). Sin embargo, su formación no
resulta fácil pues los dos miembros que la componen deben construir una
identidad particular para lograr la integración y acomodación de ambas
individualidades. Pineda (2005) señala que cuando se consolida una relación y
se crea un proyecto de vida en común, ambos miembros de la pareja deben encarar
cambios importantes en su estilo de vida y en el sistema de seguridad emocional
de cada cual a fin de lograr un acoplamiento mutuo. De ese modo, en la pareja
se abre un espacio de vinculación en el cual los demás quedan excluidos; así,
perder a una pareja es perder una fuente de seguridad. De modo similar, la
amenaza de pérdida despierta ansiedad y la pérdida efectiva ocasiona pena,
tristeza, mientras que cada una de éstas situaciones es posible que despierte
rabia (Bowlby, 1995).
Las consecuencias
de la ruptura de pareja, se ha estudiado generalmente en relación a divorcio,
sin embargo, el fenómeno es común en personas jóvenes que aún no han tomado la
decisión de casarse, aun cuando mantienen relaciones serias y estables con sus
parejas. Las relaciones de pareja estables en esta etapa no sólo son una
motivación personal, sino que también una ayuda a la inserción social (Muñoz
& Cruz, 2012). Sin embargo, la ruptura es frecuente durante el noviazgo que
caracteriza este período de la vida (Pinto, 2013).
A pesar de la
emocionalidad involucrada en la relación de pareja, las dificultades para
lograr el acoplamiento lleva a que por una serie de razones, como los celos, la
incomprensión (Pinto, 2008), conflictos derivados de las diferencias de género,
la falta de compromiso de una de las partes, la falta de metas conjuntas, entre
otras causales (Barrios & Pinto, 2008), la pareja finalmente deshaga su relación.
El rompimiento de este vínculo íntimo, sobre todo cuando se percibe como una
relación estable, va a ser vivenciado por los individuos con altos niveles de
estrés (González, 2001); incluso Holmes y Rahe (1967) lo ubican como uno de los
hechos más estresantes de la vida de una persona tras la muerte de un hijo o un
cónyuge. Peñafiel (2011) afirma que la ruptura de pareja se caracteriza por ser
una de las experiencias más dolorosas que puede sufrir una persona a lo largo
de su vida y Rojas (1994) incluso la describe como una de las más traumáticas,
amargas y penosas que pueden sufrir los seres humanos, se quejan de no poder
dormir, de haber perdido el apetito, de ser incapaces de concentrarse en el
trabajo, o incluso de llorar a menudo sin razón aparente, y en algunos casos,
recurren al alcohol, a las drogas o a los tranquilizantes para apaciguar el
dolor y ausentarse emocionalmente. Peñafiel (2011) agrega que el nivel de
estrés no sólo está dado por la ruptura en sí, sino también por toda la serie
de modificaciones tanto personales, familiares, económicas y sociales que
sobrevienen a ella.
De ese modo, la
ruptura de la relación afecta la sensación de bienestar de la persona, sobre
todo cuando uno de ellos se niega a aceptar el quiebre, no se desvincula totalmente
de él/ella y trata de seguir formando parte de su vida, deteniendo el proceso
de elaboración de la pérdida (Doménech, 1994). Pinto (2008) afirma que raras
veces ocurre que ambos componentes estén de acuerdo con el fin de la relación;
por lo general, uno de ellos sigue amando mientras el otro no, por lo que hay
que considerar los procesos emocionales que siguen a una ruptura como un
verdadero proceso de duelo. Considerando entonces que la ruptura de pareja es
un estresor relevante en la vida de un ser humano, podemos suponer que la
persona percibe que dicha situación sobrepasa sus propios recursos y atenta
contra su bienestar personal (Lazarus & Folkman, 1986). Frente al estrés,
las personas desarrollan una serie de formas de afrontamiento, con el fin de
manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como
excedentes o desbordantes de sus recursos.
Las estrategias de
afrontamiento son entonces un tipo o una forma particular de hacer frente a una
situación estresante de acuerdo a las circunstancias y se pueden clasificar en
centradas en el problema, donde el sujeto intenta cambiar el medio o el
problema a objeto de disminuir la amenaza, modificando o eliminando sus
factores; centradas en la emoción, donde el sujeto se esfuerza por regular sus
emociones que derivan de la situación, considerando que no es posible
modificarla. Lazarus y Folkman señalan que las estrategias centradas en el
problema son más efectivas en las relaciones pues confieren un sentido de autoeficacia
para retos futuros; en cambio, las estrategias centradas en la emoción son
menos efectivas.
Relaciones
Consensuales:
Los
matrimonios, las cohabitaciones, las uniones homosexuales y las amistades por
lo general involucran a dos personas de la misma generación que se eligieron
mutuamente.
¿Cómo se desarrollan
esas relaciones en la edad media?
En
la mitad de la vida, el matrimonio es muy distinto de lo que solía ser. Cuando
las expectativas de vida eran más cortas, eran raras las parejas que
permanecían juntas por 25, 30 o 40 años. El patrón más común era que los
matrimonios terminaras por la muerte de uno de los cónyuges y que el
sobreviviente volviera a casarse. La gente tenía muchos hijos y esperaba que
vivieran en casa hasta que se casaran. Era inusual que marido y mujer de
mediana edad se quedaran solos.
Mis Anécdotas con
Respecto a Ruptura de Pareja
El
proceso de ruptura de pareja se vive como un proceso de duelo ya que en sí
caracteriza la pérdida de un ser querido, en este caso sería pérdida desde el
punto de vista emocional y social. En mi caso he vivido una ruptura y considero
que mientras más tiempo estés junto a esa persona, más dolorosa será su
partida.
La
forma en la que actué considero quizá no fue la correcta, pero como en las
situaciones anteriores, tampoco estaba preparada para lo que debía afrontar. Si
tú ves que las cosas poco a poco se van quebrantando es mucho más fácil la
aceptación pero, cuando todo está bien y de un momento a otro te dejan sin
razón alguna, es allí donde terminas más confundido y afectado. Siempre digo a
las personas que me lo preguntan, si tú te vas a separar de alguien, explícale
las razones pero no te vayas en silencio porque acrecentaría el sufrimiento de
esa persona.
Mi
forma de responder a esta situación fue alejándome de todo, hasta de mí misma.
En esos momentos no contaba con alguien que me apoyara y a quién pudiera
confiar lo que me estaba sucediendo, así que me tocó darle frente a esta
situación. Mi forma de salir de ella poco a poco (ya que fue un proceso largo)
fue buscando actividades de esparcimiento y que mantuvieran mi mente ocupada
para evitar alimentar pensamientos negativos y dedicarme tiempo a mí misma, a
escucharme, a comprenderme y sobre todo a amarme.
¿Cómo deberíamos
actuar?
Siento
que no tengo la respuesta adecuada a esta pregunta, sólo recomiendo en cada
relación de pareja no depender tanto emocionalmente de la otra persona ya que,
si en algún momento la relación llega a terminar, el más afectado será el que
estaba más comprometido emocionalmente con su pareja. Deben tener tiempo para
ambos y para cada uno por separado también, deben mantener metas en conjunto y
propias para que, en un futuro tengas dos opciones a la hora de actuar, ya sea
con tu pareja o si estás solo saber que aún tienes muchas metas personales por
cumplir.
En
momentos de ruptura siempre es importante buscar apoyo de familiares y amigos,
mantenerte distraído, salir, realizar actividades que disfrutes y buscar la
forma de superarte cada día. Si consideras que el dolor emocional es muy
fuerte, te recomendaría visitar un profesional en Psicología para que te
orientara al respecto.
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