Definición:
El
estrés es el daño que ocurre cuando las exigencias que se perciben en el
ambiente, los estresores, exceden la capacidad de una persona de sobrellevarlos
(Ray, 2004). La capacidad del organismo de adaptarse al estrés comprende al
cerebro, que percibe el peligro real o imaginario; glándulas adrenales, que
movilizan el cuerpo para combatir, y el sistema inmune, que proporciona las
defensas.
Al
comienzo de la edad media, las personas experimentan niveles de estrés más
frecuentes y estresores de clases más diversas que los más jóvenes o ancianos.
El estrés en la edad media proviene de cambios de funciones: transiciones
profesionales, hijos que crecen y se independizan y la reorganización de las relaciones
familiares. La frecuencia de las tensiones entre personas (como discusiones con
la pareja) disminuye con la edad, pero aumentan los estresores que involucran,
digamos, a un amigo o familiar enfermo. Es peculiar de esta etapa un aumento
significativo de los estresores que involucran riesgos económicos o que atañen
a los hijos. Sin embargo, las personas de mediana edad experimentan menos
estrés que aquellas que tienen poco o ningún control.
Las
personas de mediana edad pueden estar mejor preparadas para enfrentar el estrés
que otros grupos de edad. Tienen una mejor idea de lo que pueden hacer para
cambiar las circunstancias tensas y quizá son más capaces de aceptar lo que no
se puede cambiar. También aprendieron estrategias más eficaces para reducir o minimizar
el estrés.
La
respuesta clásica al estrés (luchar o huir) podría ser principalmente
masculina, activada en parte por la testosterona. El patrón de respuesta de las
mujeres es más de cuidado y cordialidad, actividades afectivas para reforzar la
seguridad, y de dependencia de las redes sociales para intercambiar recursos y
responsabilidades. Estos patrones, activados por la oxitocina y otras hormonas
reproductivas femeninas, evolucionaron quizá por selección natural y se
alimentan de la dedicación de las mujeres a los apegos y los cuidados de los
demás.
Efecto del Estrés en
la Salud
Cuantos
más cambios estresantes ocurran en la vida de una persona, mayor es la
probabilidad de que padezca una enfermedad grave en uno o do años. El cambio, aun si es positivo,
puede producir estrés y algunas personas reaccionan a él enfermándose.
¿Por
qué el estrés ocasiona enfermedades? ¿Por qué algunas personas lo manejan mejor
que otras? Los estresores crónicos activan el sistema inmune, lo que conduce a
una persistente inflamación y enfermedad. Distintos tipos de estresores afectan
el sistema inmune de maneras diversas. El estrés agudo, de corto plazo, como la
dificultad de presentar una prueba o de hablar en público, fortalece el sistema
inmune; pero el estrés intenso o prolongado, como el que es resultado de
pobreza o discapacidad, puede debilitarlo o degradarlo, lo que aumenta la
susceptibilidad a las enfermedades.
De
manera indirecta, el estrés puede dañar la salud, a través de otros estilos de
vida. Las personas sometidas a estrés duermen menos, fuman y beben más, se
alimentan mal y prestan poca atención a su salud. Ejercitarse a menudo, comer
bien, dormir por lo menos siete horas y socializar con frecuencia se asocian
con bajos niveles de estrés. Las personas que creen tener el control de su vida
adoptan hábitos más sanos, se enferman menos y tienen mejor funcionamiento
físico.
¿Cómo
enfrentan las personas los sucesos traumáticos? Por sorprendente que parezca,
el resultado más común es la resiliencia. Las personas resilientes que sufren
una alteración de la vida normal se las arreglan para seguir funcionando como
siempre. Las relaciones de apoyo, junto con la propia habilidad de la persona
para adaptarse con flexibilidad y pragmatismo a las dificultades, contribuyen a
la resiliencia.
El Estrés como una de
las Principales Psicopatologías Laborales
El
uso del término estrés se ha popularizado sin que la mayoría de las personas
tengan claro en qué consiste. Al explorar la extensa literatura sobre el tema,
se encuentran multitud de definiciones, algunas de las cuales lo abordan
indistintamente desde la perspectiva del estrés como estímulo, como respuesta o
como consecuencia. Sin entrar a cuestionar teóricamente su definición, se
aborda el estrés como: la respuesta adaptativa del organismo ante los diversos
estresores (Hans Selye, 1936) citado por Fernández y Grimán (2009).
La
Organización Mundial de la Salud lo define como el conjunto de reacciones
fisiológicas que preparan el organismo para la acción. El concepto implica que
existe una interacción individuo-ambiente en el proceso del estrés. Resumiendo,
el estrés es un fenómeno biopsicosocial que altera el funcionamiento del
individuo y que produce un desbordamiento de sus capacidades de adaptación.
En
cuanto a la connotación negativa o positiva que tiene el estrés, Selye (1974)
citado por López, (2009) hace una distinción entre eutress o estrés
constructivo motivado por estados emocionales positivos (alegría, amor) que
favorecen los estados de salud y previenen la enfermedad, y distrés o estrés
negativo que provocan los estados emocionales (rabia, ira, celos y envidia) que
distorsionan la realidad y pueden generar alteraciones en los estados de salud
y bienestar.
Aunque
el estrés sí tiene un papel fundamental en el proceso de salud-enfermedad,
autores como Lazarus y Folkman, (1984) citado por López, (2009) afirman
que no siempre constituye un proceso
negativo en la vida del individuo, ya que dependerá de la valoración que el
sujeto hace del proceso y de su capacidad para manejar la situación y afrontar
las consecuencias del estrés. Por tal motivo, es necesario identificar la
etiología del estrés desde los tres importantes enfoques que presentan los
diferentes autores estudiosos del tema (Mingote, 2003) citado por López,
(2009).
En
primer lugar, se encuentra el estrés como respuesta orgánica del individuo a
estímulos estresores y situaciones de riesgo psicosocial (Selye, 1974) citado
por Bonafonte, (2005) con la posible pérdida de salud, bienestar laboral y
disminución de su rendimiento profesional.
Un
segundo aporte expone que el estrés puede tener su etiología a partir de los
estímulos externos que rodean al individuo, generando en el sujeto procesos
psicosociales asociados a esos factores externos que afectan su vida cotidiana
y su salud, llegando a modificar sus comportamientos ante determinados estímulos
(Sandín, 1995) citado por López, (2009).
Una
tercera propuesta la sustentan autores como Lazarus y Folkman (1984) citado por
Ongarato, Stover y Fernández, (2010) al exponer en su modelo la existencia de
una interacción entre el medio ambiente y la persona, y su imposibilidad de
afrontamiento a ese entorno. Esta propuesta explica que el ser humano presenta
diferentes respuestas según el entorno que le rodea, la valoración que hace el
sujeto de esa situación dependiendo de la importancia que le de, las
consecuencias y las posibilidad de resolución ante el problema que depende de
la situación personal psicológica que vive en ese momento para afrontar el
proceso.
Predictores del Estrés
Los
factores estresantes pueden aparecer prácticamente en cualquier ocupación,
profesión o puesto de trabajo y en cualquier circunstancia en que se somete a
ese individuo a una carga a la que no puede ajustarse rápidamente. En
definitiva, el estrés en el trabajo es un fenómeno tan variado y complejo como
la propia vida.
El
estrés laboral aparece como consecuencia de la intensidad de las demandas
laborales, el trabajador comienza a experimentar vivencias negativas asociadas
al contexto laboral, entre las que se destacan: apatía por el trabajo,
ausentismo, dificultades en las relaciones interpersonales, disminución en el
rendimiento laboral, depresión, síntomas psicosomáticos que pueden llegar a
generar la aparición de trastornos psicofisiológicos, al igual que una marcada
insatisfacción laboral (Rowshan, 1997) citado por Rodríguez, Roque y Molerio,
(2009).
Según
Frías, (2002) citado por Dávila y Romero, (2010) los factores generadores de
estrés en el ámbito laboral son los siguientes:
Ambigüedad
del rol: se produce cuando se proporciona información imprecisa, poco clara o
incompleta respecto a las tareas que se han de llevar a cabo o el rol que se
espera que desempeñe una persona, tanto en lo referente a metas (qué hacer),
métodos y recursos por utilizar (cómo hacerlo), como a normas y políticas de la
organización. Desde la perspectiva del trabajador esta situación puede producir
estados de angustia y ansiedad debido a dos motivos fundamentales, la
incertidumbre sobre lo que se espera de él y falta de conocimiento de los
límites precisos de su tarea (Frías, 2002) citado por Dávila y Romero, (2010).
Conflicto
de rol: se produce como consecuencia de la falta de adecuación entre el rol
esperado por la organización y los valores que posee el trabajador. Las
modalidades más habituales de conflicto de rol son: conflicto interno, donde el
individuo se resiste a hacer algo que se le pidió, por estar en contra de sus
valores o por considerar que no corresponde a su rol. Conflicto externo, se
produce cuando dos superiores imponen órdenes o indicaciones opuestas, si se
cumple con uno no se cumple con otro (Frías, 2002) citado por Dávila y Romero,
(2010).
Sobrecarga
de Trabajo: debido a factores de la organización contar con escaso personal
trae como consecuencia que cada trabajador esté obligado a asumir mayor
cantidad de tareas teniendo que emplear más tiempo del necesario para algunas
actividades o produciéndose un reparto desproporcionado de tareas que hace que
unos estén muy presionados y otros desahogados, lo que a su vez origina
conflictos entre el personal. Debido a factores individuales se destaca un
elevado nivel de auto exigencia, búsqueda de un perfeccionismo en el trabajo,
dificultad de delegar la realización de tareas o toma de decisiones, inadecuada
estructuración del tiempo, competitividad, falta de interés por el trabajo que
se realiza, entre otros. (Frías, 2002) citado por Dávila y Romero, (2010).
Juegos
de Poder: en los que priman las relaciones personales sobre la formación y
preparación del trabajador. Esta situación se puede convertir en un elemento
importante de desmotivación y así mismo, dar lugar a una competitividad de
influencias a través de las relaciones personales (Frías, 2002) citado por
Dávila y Romero, (2010).
Inadecuación
de Status: ocupar un lugar en la organización que se encuentre por debajo o por
encima de la capacidad o formación real del individuo. Produciendo
insatisfacción y en ocasiones desinterés que suponen malestar para el
trabajador y situaciones de excesiva demanda que provocan fuerte tensión
(Frías, 2002) citado por Dávila y Romero, (2010).
Consecuencias del
Estrés
La
respuesta de estrés en sí misma no es buena ni mala, es vital para la
supervivencia y depende de la capacidad de adaptación del sujeto al entorno y a
una determinada situación de los recursos que el individuo tenga para
afrontarla.
El
estrés laboral es uno de los problemas de salud más graves en la actualidad,
que no sólo afecta a los trabajadores al provocarles incapacidad física o
mental, sino también a los dueños de las organizaciones que comienzan a evaluar
el perjuicio financiero que les causa el estrés. Entre ellos se destacan gastos
en situaciones laborales como el ausentismo, la disminución en la
productividad, las reclamaciones de indemnización, rotación de personal y los
gastos directos en servicios médicos.
Mingote,
(2003) citado por López, (2009) afirma que el estrés laboral no es en sí una
enfermedad, ya que no todas las personas con estrés desencadenan patología
asociada, sino que existen variables como la edad, sexo, estado civil y otras
características individuales que determinan los recursos y mecanismos de
defensa. Como ejemplo de ello, y con
relación al sexo, argumenta que los hombres utilizan recursos y estrategias
para solucionar los problemas reales que han motivado el estrés, mientras que
las mujeres tratan de reducir sus efectos nocivos con estrategias emocionales
como la resignación o búsqueda de apoyo emocional o económico.
Mingote,
(2003) citado por López, (2009) continúa exponiendo que cuando no se controla y
no se supera la situación, se produce una alteración de la conducta de forma
repetitiva con angustia y depresión, y si el intento de adaptación fracasa,
aparece la fatiga, hostilidad, mayor ansiedad, bajos rendimientos laborales y
desmotivación, como respuestas a un estrés que altera el desarrollo de sus
funciones psicosomáticas y físicas orgánicas.
La
lucha contra el estrés laboral constituye uno de los grandes retos para los
gobiernos y organizaciones en los próximos años. Las empresas que probablemente
tengan más éxitos en el futuro serán las que ayuden a los trabajadores a hacer
frente al estrés y adapten las condiciones y la organización del trabajo a las
actitudes humanas.

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